jueves, 30 de mayo de 2013

La princesa de los espejos - Capitulo 25


Capítulo 25


-Bastian –susurré casi para mis adentros-. Es un lindo nombre. Y dime, Bastian… ¿Cómo es posible que estés en el territorio de los vampiros, si no eres un vampiro? Tengo entendido que cada territorio a excepción del centro de Whiteland solo puede ser habitado por las razas a las cuales pertenecen ¿O es que yo camine tanto que termine metiéndome en un territorio desconocido?- pregunté mientras un escalofrío me recorría el cuerpo.

¿Será posible que yo haya estado tan ensimismada en mis pensamientos que no me haya dado cuenta de lo mucho que había caminado y había terminado en un territorio hostil? Espero que no…

- Quédate tranquila que aun sigues estando en Airblack. Y con respecto a tu primera pregunta sobre cómo es posible que este en territorio de vampiros sin ser uno, lo único que te puedo decir es que tengo muchos trucos bajo la manga. Digamos que yo puedo entrar y salir de donde quiera- comento mientras me guiñaba un ojo.

- ¿Nunca te dijeron que eres demasiado enigmático?- pregunte sonriendo.

- Enigmático, misterioso, complicado, reservado, extraño… y esos son solo los que puedo nombrarte, hay otros que no están hechos para que los oídos de una damita como tú los escuche. Digamos que nací para ser todo un acertijo.

- ¿Entonces se podría decir que tu trabajo consiste en ser todo un misterio? ¿O ser un misterio es solo un pasatiempo y tu trabajo consiste en salvar vidas?

- Uno de los requisitos para mi trabajo es ser un misterio. Aunque mi trabajo no consiste en salvar vidas, al menos no directamente como en tu caso.

- ¿Entonces por qué me salvaste?- me anime a preguntarle después de tantos años.

- ¿Hubieras preferido que te dejara morir?- pregunto con curiosidad.

- No. No, por supuesto que no, es que siempre tuve esa duda. Me has salvado la vida tres veces… y jamás entendí el por qué, o cómo has hecho para aparecerte en los momentos en los que necesitaba ser salvada. Hace unos días intentaron secuestrarme, por un momento espere verte como las otras veces pero jamás apareciste ¿Por qué esta vez fue diferente de las anteriores? Siempre te considere como mi ángel guardián…

- Ay mi bella flor haces demasiadas preguntas, tienes demasiadas dudas ¿Qué voy a hacer contigo?- su voz sonaba cansada-. Ven, salte del agua pequeña sirenita, siéntate conmigo en la orilla y hablemos. Tenemos mucho de qué hablar.

Me fui acercando poco a poco a la orilla en donde Bastian ya se había sentado y me uní a su lado.

- Será mejor que comencemos por el principio…- comenzó diciendo y eso trajo un par de recuerdos a mi cabeza.

     Tenía 6 años y mi madre me había llevado a una plaza. Estaba jugando en el arenero con un par de chicos cuando vi algo que capto mi atención por completo; un gato. Mi madre estaba conversando junto a las otras madres y no se dio cuenta que yo había dejado de jugar para ir tras el gato. Su pelaje era tan suave. Él dulcemente me lamia la mano mientras yo jugaba con sus lindas orejas. Un perro salió repentinamente de unos arbustos y asusto tanto al gato que esté salió huyendo hasta la vereda de enfrente. Lo único que quería era volver a acariciar a ese pequeño y hermoso gato así que camine hacia él. Estaba cruzando la calle cuando escuche el ruido de los frenos de un auto, y sentí unos brazos que me levantaban y me llevaban al lado contrario de donde estaba el gato. Levante mi cabeza y vi a la persona que me estaba cargando, era un enorme hombre con ojos almendrados, pelo castaño y corto, y un extraño metal en la oreja como los que suele usar mi mamá en ambas orejas.

- Pequeña no debes cruzar la calle sin mirar hacia ambos lados, además eres muy chica para hacerlo sola. ¿Tus padres no te enseñaron que nunca debes cruzar la calle sola y sin mirar?

-Sí, también me enseñaron que no debo hablar con extraños- respondí enojada con el hombre que me había arrebatado mi momento con el lindo gatito.

El me sonrío.

- Eres demasiado inteligente para una pequeña de tu edad, aunque también eres bastante desobediente por lo que veo. Éste extraño acaba de salvarte de que aquel auto te llevara por delante.

- Oh- respondí sorprendida y arrepentida.- Estaba tan emocionada con volver a acariciar a ese gatito que no me di cuenta que venía un auto. Lo siento…- susurre mientras comenzaba a llorar.

- No llores pequeña…-susurro el extraño mientras me secaba las lágrimas con la mano.- ¿Qué es esto que tienes en tu oreja?

-¿Qué tengo?- pregunte entre lágrimas.

- Esto- dijo mientras sacaba una hermosa flor violeta de mi oreja.

-Wow…- dije sorprendida. Ya me había olvidado del gato, del auto, y de todo el inconveniente.

- Es una bella flor, como tu.- comento el extraño.

-¿Me la puedo quedar?- pregunte con esperanza. Quería quedarme con esa flor.

- Por supuesto. Salió de tu oreja así que es tuya- comento con una sonrisa.

-Gracias- le dije mientras sonreía de felicidad. Era la flor más hermosa que había visto en mi vida- Se la voy a mostrar a mi mamá.

- Ve pequeña, y recuerda hacerle siempre caso a tus padres y nunca volver a cruzar la calle sola a no ser que antes hayas mirado hacia ambos lados, y nunca volver a hablar con extraños…

- Pero si nunca más hablo con extraños entonces no podré volver a hablar contigo- dije con tristeza por saber que no iba a volver a ver a mi nuevo amigo.

- Ya no somos extraños, somos amigos- dijo mientras me guiñaba un ojo- nos vemos pronto bella flor. Ve con tu madre que te está buscando.

Me di la vuelta para ver donde estaba mi madre, la vi buscándome desesperada por los juegos, cuando me gire para saludar a mi nuevo amigo y preguntarle por su nombre, este ya se había ido.

- ¡XIA! ¡XIA NO VUELVAS A ALEJARTE NUNCA MAS DE MI!- Grito mi madre mientras se abalanzaba para abrazarme.- me has dado un susto de muerte. No vuelvas a hacerme esto…

- Lo siento mamá…- susurré arrepentida.

- ¿Y esa flor? ¿De dónde la sacaste?- pregunto mi madre cuando ya estaba un poco más tranquila.

- Me la regalo mi nuevo amigo- dije sonriendo. Mi madre frunció el ceño y me regaño por estar hablando con extraños. Yo le explique que mi amigo no era un extraño y que me había salvado la vida. Ella se puso más furiosa por haberla desobedecido de tantas formas y me dijo que estaba castigada por un mes, luego me abrazo y me beso sin parar repitiendo una y otra vez “No sé qué haría si algo llegara a pasarte”

-…prométeme que nunca más vas a volver a hacer esto.

- Lo prometo mami…

    Tenía 11 años y estaba en la entrada de mi antiguo colegio esperando a que mi madre pasara a recogerme. Ya habían pasado más de 45 minutos y mi madre todavía no aparecía. El colegio había quedado desierto, los alumnos ya se había ido para sus casas al igual que los profesores y los directivos del colegio.

Me encontraba sentada en uno de los bancos en los jardines que rodeaban el colegio. Vi un auto que se acercaba y por un momento creí que era el de mi madre pero mientras más se acercaba fui descubriendo que no era el de ella. El auto se detuvo muy cerca de donde yo estaba, no sé por qué pero eso me había puesto nerviosa, sentí una alarma en mi cabeza que me repetía una y otra vez que estaba en peligro.

Mire hacia el auto justo cuando una de las puertas se abría. No pude verles bien las caras pero aun así por lo poco que había visto pude notar que eran dos hombres los que estaban en el vehículo. Uno de los hombres se bajó y comenzó a acercarse a donde yo estaba. Sin pensarlo dos veces comencé a correr en la dirección contraria de donde estaba el auto estacionado, y el extraño que había bajado del vehículo comenzó a perseguirme mientras sentía que el otro ponía el auto nuevamente en marcha. Empecé a gritar por ayuda, aunque sabía que nadie iba a poder ayudarme, a esa hora ya todos se habían marchado y no había nadie por la calle.

Por suerte a pesar de mi edad era bastante rápida y eso hizo que al extraño le costara más atraparme.

Estaba tan asustada que no me fije en la esquina cuando doble y termine chocando contra una persona. Mi primer reacción fue la de pedirle al extraño ayuda.

- Tranquila bella flor, estoy aquí para protegerte.

Esa voz la reconocí al instante y cuando levante mi vista a su rostro supe quién era; era el mismo hombre que me había salvado aquella vez en el parque.

De mi boca no salían palabras, simplemente me aferre del brazo de mi antiguo salvador mientras inconscientemente trataba de esconderme de los otros dos hombres detrás de él.

 Mi salador muy suavemente me mantuvo detrás suyo mientras le hacía frente a uno de los hombres que sin duda estaba allí para secuestrarme.  

- Yo te aconsejaría que comenzaras a correr, la caza es mucho más divertida cuando la rata corre.

No pude escuchar claramente la contestación del extraño porque sonó como si se estuviera tropezando con las palabras, pero sentí perfectamente el grito de terror que hizo cuando miro a mi salvador.

- No… yo… no, por fav…favor. Él… pago… yo…-

- No me interesan escuchar tus patéticas excusas, comienza a correr. Tic Tac, el tiempo se te esta acaban…- no llego ni a terminar la frase y el otro hombre ya había desaparecido como por arte de magia, junto con el que estaba conduciendo el auto. – Ya me ocupare de ellos después…

Yo seguía temblando y aferrándome fuertemente al brazo de mi salvador.

- Tranquila pequeña, ya todo paso – susurro mientras me atraía a sus brazos y me daba un cálido y reconfortante abrazo. Pasaron unos minutos cuando encontré mi voz nuevamente;

- ¿Quiénes eran esos hombres? ¿Qué es lo que querían de mí?

Mi ángel salvador suspiro antes de contestarme.

- Esos mi querida niña eran hombres malos, ¿Qué es lo que querían contigo? Sinceramente no lo sé, pero te puedo asegurar que yo no voy a permitir que nadie te haga daño.

- ¿Querían… hacerme daño?- pregunte con un nudo en la garganta.

- Me temo que sí, pero no te asustes… yo jamás voy a permitir que te hagan daño.

- ¿Volverán?

- No. Yo me asegurare de que esos hombres no puedan dañar a nadie nunca más. Ahora quiero que me escuches atentamente Xia; en unos 5 minutos tu madre va a llegar para recogerte, tú tienes que prometerme que no le dirás nada de lo que ha pasado aquí, ya que eso la asustara demasiado y como ya te lo prometí no tiene motivos para asustarse porque no voy a dejar que nadie se acerque para dañarte. ¿Puedes prometerme que guardaras el secreto?

No sé si fue por la adrenalina del momento o por el miedo que había sentido hace unos instantes pero en ese momento me encontré prometiéndole a aquel extraño salvador que no diría ni una sola palabra, y de hecho acabe cumpliendo mi promesa.

     Tenía 13 años, estaba en mi habitación arreglándome el cabello cuando sentí una presencia detrás de mí. Me di la vuelta lentamente sin saber con qué me iba a encontrar, y lo que vi o mejor dicho a quién vi, me dejo sin palabras.

- Hola mi bella flor, volvemos a encontrarnos- comento con una dulce sonrisa – Lamento haberme aparecido así sin avisar pero lo que tengo que decirte es importante. Hoy no puedes ir al colegio.

- ¿Qué?- susurre sin entender nada, todavía no lograba reponerme de la impresión.

- Hoy no puedes ir al colegio- repitió.

- ¿Por qué? – me limite a preguntar.

- Porque si vas a colegio no voy a poder estar cerca de ti para protegerte, estarías sin protección además de que estarías en grave peligro. Por eso mismo necesito que solo por hoy finjas estar enferma para que tu madre te deje quedarte en casa. Si, si lo sé- me interrumpió antes de que pudiera hablar, solo con ver mi cara ya sabía lo que estaba por decir- sé que mentir está mal y que no debería pedirte que le mientas a tu madre pero cariño yo no estoy aquí para enseñarte valores o las cosas correctas de la vida, yo estoy aquí para cuidarte.

- Está bien…- susurre sorprendiéndome más a mí misma que lo que lo sorprendí a él por mi fácil cooperación. De alguna extraña manera sabía que este hombre no me haría daño, de hecho me había salvado en dos oportunidades anteriores, y aunque no sabía ni su nombre ni nada sobre él, si podía asegurar una sola cosa; él era mi ángel guardián, mi protector. Así que no tenía sentido en discutir o hacer más preguntas sobre el tema, simplemente me limite a aceptar y hacer lo que él me pidiera. 

Mi ángel me regalo una cálida sonrisa justo antes de desvanecerse en el aire.

    - Aquella vez… ¿Qué hubiera pasado si hubiera ido al colegio? – pregunte una vez que los recuerdos se esfumaron y caí a la realidad.

- Si aquel día no me hubieras escuchado y hubieras ido al colegio las probabilidades hubieran sido dos: la primera es que habrías terminado en las manos del enemigo, ya que tenían todo un plan para atraparte esa misma tarde mientras los humanos estaban ocupados en el acto que se celebraba en la institución, y la segunda es que al haber tantos humanos hubiera sido inevitable usar algún que otro poder y habríamos quedados todos los seres sobrenaturales expuesto ante los humanos, porque yo no iba a dejar que nadie te hiciera daño si podría evitarlo.

- Todo es tan extraño, mi vida es tan extraña…- susurre- y yo que pensaba que mi vida había cambiado al enterarme de lo que era, ahora me doy cuenta que mi vida nunca fue normal. Yo nunca fui normal. ¿Por qué estoy rodeada de tanta maldad, de tanta gente que quiere hacerme daño? ¿Qué es lo que quieren de mí?

Guardamos silencio por unos minutos antes de que Bastian rompiera el silencio.

- Sé que todo esto no tiene mucho sentido para ti en este momento pero te prometo que con el tiempo lograras entender todo con más claridad. Hay cosas que por tu propio bien no puedo revelarte todavía, hay preguntas que no podré responder… pero eso no significa que nunca te las responderé, solo significa que tendrás que ser paciente para obtener ciertas respuestas.

- Odio que todo sea tan enigmático. Mi vida está llena de misterios.

- Para eso estoy yo, para darle un poco de claridad a algunos de esos misterios. Una de tus dudas es por qué no estuve el otro día para salvarte en aquel club, la verdad es que si estuve aquella noche,  no de forma física pero me encargue de cierta forma para que la persona indicada estuviera en el momento exacto en el que ibas a necesitar protección.

- ¿Tu enviaste a Aydam? ¿Eres tú el que lo nombro como mi protector?

- Sí y no. La vida para mí es como un tablero de ajedrez. Tengo que colocar ciertas piezas en lugares estratégicos para así poder ganar la partida. Digamos que de cierto modo influí para que Aydam estuviera en el momento exacto en el que lo ibas a necesitar, pero no fui el que di la orden de que fuera él, tal vez lo sugerí…pero no lo ordene. Yo solo doy consejos a las personas, les aconsejo que hacer, y cuando hacerlo… después esta en ellos si quieren seguir mi consejo o no. Yo se demasiadas cosas, varios dependen de mí y digamos que un poco de información extra para algunos pueda causarle daños a otros, por eso tengo que ser cuidadoso con todo lo que digo o hago, por eso no puedo revelar más información que la justa. No puedo modificar la libre elección de las personas, ni tampoco puedo influir demasiado en su destino, pero eso no significa que no puedo ayudarlos o darles un poco de luz en su oscuridad de vez en cuando.

- Eres tan complicado…

- Lo sé- dijo con una triste sonrisa-. Ojala pudiera aclararte un poco más tus dudas, pero como ya te dije tienes que tener paciencia, todo se ira revelando con el tiempo.

- Al menos agradezco tu sinceridad- dije con un modesto intento de sonrisa-. ¿Y qué es lo que ha cambiado para que ahora aparezcas frente a mí?

- Muchas cosas han cambiado. Para empezar tú ya has descubierto cosas sobre tu vida, tu familia, tu padre. Has descubierto un nuevo mundo, lleno de criaturas que jamás hubieras imaginado que existían. Ahora eres parte de esta nueva realidad y poco a poco te iras integrando en ella. Sé que debe de ser tedioso que todo el tiempo te estén recordando sobre este nuevo mundo, pero hasta que no logres aceptarlo por completo la gente te lo seguirá recordando…

- Lo sé, pero es difícil aceptar todo esto- mientras hablaba Bastian negaba con la cabeza-. Mi vida cambio para siempre…

- Ay, mi vida, si esto te está resultando difícil entonces no quiero ni imaginar de cómo vas a reaccionar con todos los secretos que te quedan por revelar, todas las cosas nuevas que te quedan por aprender- Antes de que pudiera preguntar a qué se refería con su comentario, él continuo hablando-. Mi querida Xia, te estas ahogando en un vaso de agua. Enterarse que tu padre provenía de una raza de vampiros ¿Habrá sido una sorpresa? SI, lo habrá sido. Enterarse de que hay un nuevo mundo ahí afuera, con criaturas sobrenaturales ¿Habrá sido un shock? Probablemente. Descubrir que posiblemente tu vida esté en peligro ¿habrá sido feo? Si, habrá sido una mierda. Dejar tu vida, tu casa, tus amigos atrás para mudarte a este nuevo mundo del que eres parte ¿Habrá sido dificultoso? Si. Pero creo que ya es hora de que comiences a actuar como una joven adulta, de que comiences a hacerte cargo de esta nueva vida, ya es hora de que dejes de sentir lastima o de lamentarte por lo que crees que perdiste y lo que sabes que jamás volverás a tener como por ejemplo ser humana y tener una vida como la de los seres humanos, porque afrontémoslo mi bella flor, eso no va a suceder. Eres una jovencita con un futuro prometedor por delante, una vida por delante, ya es hora de que dejes las quejas a un lado y comiences a aceptarte. Es hora de que comiences a abrazar tu nueva vida. Si, eres mitad vampiro ¿Y cuál es el drama en eso? Ninguno, es solo cuestión de que comiences a abrir más tu cabeza, de que seas más abierta para aceptar lo que es diferente. Con el tiempo vas a ir notando que todo lo que crees sacado de la realidad es mucho más real que la realidad que creías conocer. Hoy me presente frente a ti para darte una pequeña reprimenda. No quiero volver a escucharte decir que tu vida es difícil, que todo esto es difícil, que te cuesta aceptarlo, etcétera. De ahora en adelante quiero escucharte hablar de tu futuro o de tu presente, de lo que es o lo que será… no de lo que nunca va a ser. Eres una media sangre, con poderes únicos, tienes una madre que te ama con toda su alma, un hermano que te adora, un demonio que daría su vida para protegerte, tienes muchas personas que te aman y que harían cualquier cosa por ti, así que basta de quejas. ¿Quedo claro mi bella flor?

- Si.- fue la única palabra que pude pronunciar después de todo lo que me había dicho, y en parte era porque él tenía toda la razón. Lo único que hice desde que me entere de todo esto fue quejarme, sentirme mal, y lamentarme por la vida que creí perder, y ya era hora de que comenzara a aceptar esta nueva vida. A pesar de tener gente que quería hacerme daño también estaba rodeada de gente que me quería, era hora de que empezara a ver lo positivo dentro de todo esto.

- Ahora mi bella flor es momento de que me vaya, más pronto de lo que crees volveremos a vernos.

Y con esa última frase desapareció, dejándome sola nuevamente con mis pensamientos.

No se por cuánto tiempo me quede sentada en el borde de aquel mágico lago, podrían haber sido horas, minutos tal vez, no lo sé. Ese lugar me hacía sentir tranquila, normal. Me ayudaba a olvidarme de todo, así que si no hubiera sido por aquel extraño ruido me habría quedado allí por más tiempo.

Uno de los arbustos que estaba a mi derecha se movía, algo o alguien estaba escondido allí.

Con una calma que no creí poseer me acerque al arbusto. Había un pequeño animal atrapado entre las hojas. A simple vista parecía ser alguna clase de gato que nunca antes había visto.

- Calma, pequeño- susurre mientras ágilmente lo ayudaba a salir de entre las hojas y lo tomaba en mis brazos. El pequeño animal me miraba fijamente mientras se dejaba alzar sin problemas- Eres adorable.

Aun en mis brazos comencé a rascarle tiernamente las orejas.

- ¿Te gusta esto, pequeñín?-  el gato comenzó a ronronear como si estuviera confirmándome que aquello le gustaba- ¿Qué hacías entre los arbustos? ¿Estás perdido amiguito?

No sé por qué le hablaba al gato como si esperara que mágicamente me contestara.

- Creo que me estoy volviendo loca, estoy hablando con un gato como si pudieras entender algo de lo que digo…

Me senté y puse a mi nuevo amigo en mi regazo, mientras seguía acariciándolo.

Nunca había tenido mascotas, siempre que le pedía una a mi madre me decía que no era demasiado responsable como para cuidar de un animal. Hay personas que adoran los animales, mi madre no es una de ellas. Siempre supe que lo de la responsabilidad era una vaga excusa para no tener mascotas.

¿Está permitido tener mascotas en la Academia? Simplemente podría esconderlo en mi cuarto…mi cuarto es tan grande y este amiguito es chiquito, pasaría desapercibido…

Tendría que conseguir comida para gatos… ¿Qué comen los gatos? ¿Habrá una tienda donde vendan comida para mascotas en Whiteland?

- ¿EN QUE DEMONIOS ESTOY PENSANDO?... NO PUEDO QUEDARME CONTIGO- dije mientras el pequeño animal me miraba con sus grandes ojos grises.

-Aunque eres tan adorable…por favor deja de mirarme así…no me mires de esa forma…

El gato me seguía mirando de esa forma que decía “Quédate conmigo, por favor”.

Maldije en voz alta, el pequeño había ganado la batalla…

- Esta bien, te vas a quedar conmigo… solo necesitas de un nombre.

Sabía que este gato iba a traerme muchos problemas. Ya tenía tantos problemas en mi vida que el tener una mascota iba a ser el menor de todos ellos.

viernes, 1 de febrero de 2013

La princesa de los espejos - Capitulo 24

Capítulo 24


Me desperté con un dolor de cabeza terrible, o mejor dicho no me desperté… me despertaron. Alguien estaba golpeando fuertemente la puerta. Gemí mientras rodaba en la cama.

- Deja de golpear y entra- grite mientras hacia un intento por levantarme.

- Buenos días bella durm…¿Qué demonios te paso en la cara? – pregunto Urian con una expresión horrorizada.

Al principio no entendía de qué me hablaba hasta que lo recordé.

-Nada, es crema ¿A caso nunca viste a alguien usar cremas?- pregunte con indiferencia.

Urian comenzó a reírse.

- Eres un desastre- comento con una sonrisa- además te ves ridícula por si no lo sabias.

- Oh, cállate- dije con fastidio y un poco de diversión mientras le arrojaba una almohada en la cara, una lástima que sus reflejos fueran más rápidos y la atrapara en el aire.  

- Por si no te habías dado cuenta estaba durmiendo por ende estoy hecha un desastre. Eso de que las mujeres lucen bien mientras duermen es solo un mito, esta es la realidad- comente mientras me señalaba. Aun no me había visto en un espejo pero ya me imaginaba como debería de encontrarme; toda despeinada, con cara de fastidio y sueño, con la crema corrida por todo el rostro y con mi absurdo pijama de flores.

- ¿Por qué has venido a levantarme tan temprano?- pregunte mientras me encaminaba para el baño a lavarme los dientes y quitarme la crema.

Urian se quedó por un rato en un silencio que me hizo sentir incomoda, así que me acerque al borde de la puerta del baño que daba a mi habitación para mirarlo mientras me cepillaba los dientes.

- ¿Por qué o para que usas cremas al dormir? – Su cara de confusión me hizo sonreír.

- ¿En serio me preguntas eso? ¿Realmente quieres saberlo?- Inquirí divertida, mientras levantaba una ceja y lo apuntaba con mi cepillo de dientes.

La forma en la que se encogió de hombros como si no importara lo que acaba de preguntar me hizo soltar una pequeña risa.

- Para cuidarme la cara- conteste como si fuera algo obvio mientras me daba la vuelta para enjuagarme la pasta de dientes.

- ¿Por las arrugas? – pregunto aún más confuso.

- No tonto, por los granos, esas cosas feas y asquerosas que salen en la cara de las personas. Bueno yo uso cremas para evitar que me salgan, algunas veces funciona… otras no. – dije con un encogimiento de hombros mientras volvía al lavado para terminar mi tarea.

- Wow, sí que eres clara. Con lo de las cremas, los granos y tu linda apariencia de recién levantada, es decir toda despeinada, con la crema corrida por todo tu rostro, y con tu lindo pijama de flores… fácilmente puedes seducir y conquistar a cualquier hombre-. dijo con una verdadera sonrisa llena de sarcasmo y diversión. Le sonreí en complicidad y añadí;

- Bueno, pero que suerte la mía de que no haya ningún hombre cerca para verme.

- Ja Ja, muy graciosa – Su cara demostraba seriedad pero sus ojos delataban su diversión. Mientras volvía al lavado para lavarme la crema de mi cara, Urian continuo- Por si no lo sabias son casi las dos de la tarde. Has dormido más de doce horas ¿No crees que es demasiado? Una persona normal duerme ocho…

- Suerte para mí que no soy normal- Grite desde el baño- Ahora te agradecería si me haces el favor de dejarme sola en mi habitación para que pueda bañarme y cambiarme tranquilamente.

- ¿Y qué hago con el café que he traído para ti?

- ¿Me has traído café? – pregunte sorprendida mientras me estiraba para mirarlo desde la puerta y ahí es cuando vi que tenía un vaso descartable de ¿Starbucks?

- ¿Dónde has conseguido eso? – inquirí curiosa y sorprendida.

- ¿Qué? ¿Esto?- pregunto señalando el vaso- Bueno te voy a contar un secreto; en una tierra muy lejana, cruzando mares y tierras peligrosas hay una vieja cabaña en donde vive un viejo brujo que te concede lo que quieras a cambio de una gran sacrificio…

-Eres un tonto- dije entre risas.

- Bonita ¿De dónde crees que lo saque? Pues de un local de Starbucks.

- ¿Hay Starbucks en Whiteland?

- Ay Dios- susurró de forma dramática mientras miraba hacia el techo- dame paciencia…

Fruncí el ceño mientras lo fulminaba como la mirada.

- No te hagas el listillo conmigo. Todavía no logro acostumbrarme a que este lugar es más normal de lo que en un momento creía.

- Además de traerte este adorable desayuno vine a ofrecerte mi compañía para llevarte a conocer Airblack.

Su ofrecimiento me dejo inquieta, más que nada porque recordaba mi conversación de anoche con Aydam y de la promesa que me había hecho a mí misma de mantenerme alejada de Urian para evitar posibles confusiones, ya sean mías o suyas.

- Que adorable invitación- dije con sarcasmo tratando de ocultar mi inquietud- pero debo rechazarla, estaba por pedirle a… Nissa para que me acompañara.

Muy bien Xia, fuiste a lo seguro, en este caso Nissa es lo seguro… Urian definitivamente NO LO ÉS.

Por un momento me pareció ver decepción en su mirada pero me regalo una media sonrisa que me derritió por dentro y me hizo olvidar de lo que vi o creí ver.

- Claro, lo entiendo- dijo amablemente mientras dejaba el café en el escritorio- te dejo esto aquí, y me marcho así terminas de arreglarte tranquila.

Sentí una pequeña punzada de culpa que me hizo actuar sin pensar.

- Espera- me apresure por hablar antes de que se marchara- yo… todavía no hable con Nissa, capas que ella no está disponible… si todavía sigue en pie tu propuesta- susurre nerviosa- me gustaría aceptar.

En su mirada vi aparecer un leve brillo que no supe descifrar. Me sonrío y cuidadosamente pregunto;

- ¿Estas segura?

- Si- dije tímidamente, y tratando de ocultar mí nerviosismo seguí – ahora mejor vete y no seas pervertido, déjame arreglarme tranquila.

-¿Pervertido? ¿Yo?- pregunto con falsa indignación mientras fingía escandalizarse- debo de reconocer que me han llamado de muchas formas, pero jamás me han dicho pervertido. Esta es la primera-

- Bueno- comente nerviosa- siempre hay una primera vez para todo ¿no?

Agito su cabeza en signo de incredibilidad y se fue. Una vez sola en mi habitación me tome el café que me había traído para que no se enfriara. Estaba delicioso. En este momento estaba deseando comer unas de esas medialunas que mi madre solía hacerme todas las mañanas. Esas medialunas junto a este café seria la combinación perfecta. Te extraño mami susurre para mis adentros, aunque solo había pasado un día desde que me había ido de casa, echaba de menos los abrazos, y el cariño que mi madre siempre me daba, más en estos momentos que me costaba adaptarme a esta nueva parte de mi vida. Agite mi cabeza para alejar estos pensamientos y me dirigí a la ducha para bañarme.

Una vez bañada y cambiada salí de la habitación. Me había puesto una remera de diferentes colores que era divina, un short de jean gastado y unas sandalias chatitas blancas. Me encontré con Urian que me estaba esperando en el pasillo. Se había cambiado, tenía puesto un pantalón de jean azul oscuro, una remera gris de escote en V que hacia resaltar sus músculos, y tenía el mismo colgante que todos llevaban encima con el símbolo de Whiteland, aquel que te permite “transportarte” de un lugar a otro para entrar y salir de Whiteland cuando lo desees.

Se me quedo mirando en silencio por unos segundos. Su mirada gris me inquietaba, me ponía nerviosa y a la vez me hacía sentir hermosa. La forma en la que sus ojos me miraban me hacía volar a otra realidad. No podía mirarlo fijamente porque me perdía en ese gris intenso, pero aun así no podía evitar mirarlo. Eran unas sensaciones tan confusas que me agobiaban y me dificultaban hablar o incluso reaccionar. Sin dudas me sentía atraída por este misterioso chico, y eso no presagiaba nada bueno.

- Luces bien – dijo con una media sonrisa que me dejo hechizada – ahora si pareces una persona.

Su último comentario fue como un balde de agua fría, me ayudo a romper con este hechizo que mi mente había creado a base de su intensa mirada. Para ocultar esta mezcla de emociones decidí ignorar su comentario por completo.

Mientras comenzamos a caminar recordé que no le había avisado a mi hermano sobre mis nuevos planes;

- Tengo que avisarle a mi hermano que vamos a salir para recorrer la ciudad. No puedo irme sin antes hablar con él.

- Cálmate bonita que tu hermano ya lo sabe.

Al ver mi cara de confusión se apresuró a explicar.

- Esta mañana me lo encontré en la biblioteca y le comente que te iba a llevar a conocer Airblack.

- ¿Esta mañana? ¿Pero cómo es eso posible? Solo paso una hora desde que yo acepte ir contigo y me has dicho que ya es la tarde…

- Sabía que ibas a aceptar – me interrumpió con otra de sus medias sonrisas ya patentadas que hizo resaltar un pequeño hoyuelo que se le formaba- soy irresistible y ambos sabemos que no te me puedes negar- comento con arrogancia fingida mientras me guiñaba uno de sus bellos ojos.

- Eres un tonto engreído, eso es lo que eres- comente con fingido enojo y con obvia diversión.

Mientras nos acercábamos a la entrada principal del instituto una voz me impidió que siguiera avanzando.

- ¡Catherina!

Oh no, mierda, mierda, mierda…

- ¡Catherina! soy yo cariño, Alexandra.

Me di la vuelta con una sonrisa un poco forzada.

- Alexandra… que agradable sorpre…- no llegue ni a terminar la frase y ya me encontraba envuelta en un apretado abrazo en los brazos de la madre de Liam.

- ¿Catherina?- pregunto Urian con diversión y con una ceja inquisidora mientras lo observaba con mi mirada asesina desde los brazos de Alexandra.

 - Liam me ha avisado que ya habían llegado y me apresure para venir a verte. Como has crecido, han pasado años desde que no te veo - Alex se fue separando poco a poco mientras me observaba desde la cabeza a los pies – estas hermosa, te pareces tanto a Luc…- susurro con los ojos lagrimosos.

- Gracias Alexandra.

- Cariño llámame Alex, ya te lo he dicho miles de veces.

- Alex- susurre con una media sonrisa un poco incomoda.

Alex siempre me ha caído bien, desde el momento en que la conocí ella siempre se había mostrado amable conmigo. Tengo muy lindos recuerdos de ella y Liam, cuando salíamos a pasear sin la presencia de mi padre o de mi madre. La pasábamos de maravilla, ella es la típica madre que tiene alma joven y parece más una amiga que una madre. La última vez que la vi fue hace unos 6 años cuando vino con Liam a visitarnos en las vacaciones de invierno. Recuerdo que mi madre estaba feliz por volver a ver a Alex, aunque parezca raro o fuera de lo normal que la exmujer y la mujer actual pudieran llevarse bien, ellas se llevaban de maravilla, y con la muerte de mi padre se unieron mucho más por compartir el dolor de la perdida. Mi madre y Alex se la pasan comunicadas a través de las redes sociales.

- Urian…  no te había visto cariño. Disculpa mi despiste corazón ¿Cómo has estado? ¿Has hablado con tu madre? Acabo de cruzármela en los pasillos, te estaba buscando.

- ¿Mi madre? – Preguntó confuso- ¿Ella está aquí? ¿Se encuentra bien? ¿Le paso algo? ¿Cómo la viste?...- empezó con un sinfín de preguntas que demostraban su verdadera preocupación.

- Ay muchachito, cálmate.  Samantha se encuentra estupenda. De hecho jamás la había visto tan ¿Cómo decirlo?...radiante.

Sus palabras parecieron tranquilizarlo pero aun así se lo notaba preocupado y un poco aturdido.

- Xia ¿No te enojas si postergamos el recorrido para otro día?- pregunto con pesar.

- Claro que no, ve a ver a tu madre que la salida la dejamos para otro día- le conteste con sinceridad. En lo profundo me estaba muriendo de curiosidad por conocer a su madre, y a la vez su preocupación se me había contagiado y estaba preocupada por él.

- Gracias- susurro con gratitud en la mirada. Se despidió a toda prisa y se marchó. Con Alex nos quedamos conversando un rato. Me preguntó sobre mi vida, como estaba llevando todo esto, que tal estaba la Academia, luego empezó a preguntarme sobre mi madre, como se encontraba ella y como lo estaba llevando.

- Parece más fuerte de lo que es en realidad. Trata de aparentar fortaleza pero es imposible no darse cuenta que todo esto es demasiado difícil para ella. Tantos años aferrándose a una vaga esperanza de que su única hija fuera una adolescente normal… creo que fue un duro golpe para ella ver en lo que me estoy convirtiendo.

- Ay, cariño. No seas tan dramática, cualquiera que te escuchara hablar pensaría que te estas convirtiendo en un monstruo cosa que no lo es. Corazón yo creo que tu madre está asustada, no de ti sino de la situación. Ella sabe que tú eres la misma de siempre, eres la misma hija que crío durante todos estos años. Eres una joven sana, buena, eres su orgullo. Constanza te ama tal cual eres, eres su pequeña. Eres todo lo que ella tiene.

- Tengo miedo de su rechazo…- susurre mientras las lágrimas se acumulaban en mis ojos. Y yo que pensaba que ya había gastado todo el suministro de lágrimas.

No podía creer estar admitiendo aquello en voz alta. El rechazo de mi madre era uno de mis mayores temores.

- Ay, cariño…- susurro Alex mientras me atraía hacia sus brazos para abrasarme. Esta vez correspondí a su abrazo. Lo necesitaba-. Ella jamás te rechazaría ¿Acaso no conoces a tu madre? Ella daría su vida por ti sin dudarlo ni un segundo, te ama. Me parece que acá la única que se rechaza eres tú ¿Por qué no te aceptas, Xia?

Las lágrimas comenzaron a caer, ya no podía contenerlas.

- No lo sé. No sé cómo explicar cómo me siento con respecto a esto. Me es muy difícil aceptar que mi vida cambio. Siempre soñé con tener una vida normal…

- ¿Y para ti que significa ser normal? ¿Qué es lo que consideras como normal?- me interrumpió. Me quede un rato pensando, con el rastro de las lágrimas secándose con la brisa de la tarde. Alex me tomo de la mano y me guío a un banco que estaba en el jardín de la entrada- Ven, siéntate.

Luego de tomarme mi tiempo para pensar en una respuesta, me atreví a contestar.

- Ser normal es poder estudiar una carrera, tener experiencia con tus amigos en la universidad. Trabajar. Enamorarse. Poder formar algún día una hermosa familia. Envejecer junto a tú esposo, ver a tus hijos crecer y formar su propia familia…

- ¿Acaso piensas que esas cosas no las vas a poder hacer siendo lo que eres? Vas a poder tener eso y mucho más si tú te lo propones.

- No lo sé, no sería lo mismo. Así no es como imagine mi vida…

- No siempre lo que uno imagina para su vida es lo que uno en realidad necesita.

- No voy a poder estar mucho tiempo entre los humanos porque notaran que tardo más en envejecer. Voy a ver morir a Luna… y a mi madre - susurre con un nudo en la garganta.

- Cariño eso es algo inevitable, aunque fueras humana la muerte siempre te ronda. Sé que es duro pero así es la vida.

- Lo sé - susurre.

Nos quedamos un rato en silencio, cada una ensimismada en sus pensamientos. Luego de unos minutos Alex se despidió porque tenía cosas que hacer en el consejo, ya que después de la muerte de mi padre ella ocupo su puesto en el consejo de Airblack

Ya eran las 4 de la tarde y tenía los ánimos por el piso. No tenía ganas de ir a buscar a Nissa para que me acompañara a recorrer el lugar, así que decidí irme sola. Me adentre a caminar por los jardines de la Academia, que al parecer eran más enormes de lo que parecían.

Mientras iba caminando me puse a pensar en la charla que tuve con Alex. Aunque en un principio no tenía ganas de verla, no porque no la quisiera o me llevara mal, sino porque Alex es demasiado perceptiva y directa, y en el fondo sabía que charlando con ella iba a tener que hacer frente a mis miedos e iba a tener que escuchar una verdad que no quería oír. A pesar de haber expresado mis mayores temores en voz alta me di cuenta de que esa charla me hizo bien.

Sin darme cuenta había caminado hasta llegar a un bello lago. El agua era cristalina y había rocas y piedras de diferentes colores que junto con el reflejo del sol lo hacían parecer de diferentes colores, era una belleza para los ojos.

Decidí sacarme mis sandalias y meter mis pies.

El agua estaba perfecta, no era ni muy fría ni caliente. Estar en este lago me hizo sentir una paz que hace mucho que no tenía. Me deje llevar por la sensación y quise soltar mi pelo para sentir mejor la brisa de la tarde.

Estaba con los ojos cerrados, el pelo suelto y los pies en el agua, me sentía completamente viva, feliz y con mucha paz interior. La brisa en mi pelo hacía sentirme completamente libre, estaba tan perdida en todas estas sensaciones que no me había dado cuenta que alguien me estaba espiando desde algún tiempo.

- Este lago es conocido como “El lago de los encantos”, no todo el mundo puede llegar hasta aquí, no todos conocen su magia, pero si han oído hablar de él. Se dice que el lago es mágico, y que posee vida propia, se alimenta de los miedos de las personas, de sus tristezas y los llena de felicidad, de paz, de tranquilidad, de libertad. Dicen que el lago escoge a quien quiere mostrarse, a quien quiere “sanar” o mostrar su encanto. Si has llegado hasta aquí es porque el lago te eligió para usar su magia en ti. Eso significa que los miedos, las tristezas y las inseguridades estaban rondándote.

No podía creer lo que mis ojos estaban viendo. Yo conocía a aquel hombre que tenía frente a mí.

- Siempre supe que eras real.

El me sonrío dulcemente.

- Claro que soy real bella flor, más real de lo que tú crees.

- Siempre pensé que eras alguna especie de ángel, mi ángel guardián- susurre con una tímida sonrisa- Jamás creí que fueras un vampiro…

Mi comentario lo hizo reír, su risa era como un bálsamo de dulzura y a la vez era contagiosa.

- No sé si sentirme alagado por lo de ángel o sentirme ofendido por lo de vampiro- comento aun sonriendo-. No soy ninguna de las dos cosas.

- ¿Y qué eres entonces?- pregunte verdaderamente intrigada.

- A su debido tiempo te lo diré mi bella flor.

- Aunque sea ¿puedes decirme tu nombre?

El me volvió a sonreír y contesto.

- Mi nombre es Bastian.